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Colaborando en el Ibasyo Book Journey Project

No recuerdo dónde exactamente escuché hablar por primera vez de este proyecto. Kosure Okahara, fotógrafo japonés asentado en París decidió documentar la vida de seis jóvenes japonesas que se hacen daño ellas mismas, fundamentalmente mediante cortes en las muñecas.

A través del libro el autor profundiza en la causa de estas automutilizaciones: hay una “cultura de la vergüenza” inherente en Japón que evita que historias como las de estas chicas sean contadas: violaciones y malos tratos en el hogar y la imposibilidad de compartir la experienca las convierten en criaturas que no pueden sanar y adoptan comportamientos autodestructivos.  En sus propias palabras: no encuentran el “ibasyo”,  es decir, el lugar físico y emocional donde ellas pueden subsistir.

Kosouke ha acompañado a estas niñas, ha fotografiado su día a día, y con el objeto de incrementar su autoestima ha impreso seis libros que está distribuyendo a modo de cadena por el mundo, para que podamos dejar en el mismo frases de ánimo para estas chicas. Al cabo del tiempo se los devolverá a las chicas para que comprueben que no solo no son invisibles, sino que hay gente en todo el mundo que se preocupa por ellas.

Uno de estos libros está ahora en mi casa, y hemos incluído algunos dibujos y poesías.

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Confiamos que este proyecto después de todo ayude a devolver a esta niñas algo de su interés por vivir y encuentren su Ibasyo.

¿Se puede vivir de la música en un mundo 2.0?. El caso de Zoe Keating

Si hay un sector que se ha visto transformado (en buena parte a su pesar) por las tecnologías sociales es la industria de la música. La forma en la que ahora conocemos a nuevos artistas y consumimos su música ha cambiado, ha habido ganadores y perdedores, pero poca gente está analizando en profundidad este cambio.

Según quien lo cuente, apenas hay dos versiones de lo que está pasando: Para las grandes discográficas y artistas superventas sus antiguos clientes nos hemos convertido en piratas de la noche a la mañana y debemos ser encarcelados, o casi mejor obligados sostener sus cuentas de resultados mediante cánones digitales abusivos y castigos ejemplares.

Para otros optimistas, se ha abierto una etapa mágica: cualquier grupo puede subir un vídeo a YouTube y convertirse de la noche a la mañana en un superventas gracias a la “viralidad de las redes” y la posibilidad de vender directamente sus canciones a traves de iTunes.

La realidad es que la inmensa mayoría de los músicos no caen dentro de esta categoría. Zoe Keating es uno de ellos. Aunque no es demasiado popular en nuestro país, se trata de una artista independiente con más de un millón de seguidores en twitter (más que por ejemplo Pablo Alborán aunque lejos de los casi ocho millones de Alejandro Sanz) y que dedica muchísimo tiempo a conversar con sus seguidores (en mi caso le pregunté cuando actuaría en España y me contestó que le encantaría, que si por ella fuera mañana mismo, pero que no tiene ningún contacto aquí)

Zoe es una chelista que utiliza elementos de música electrónica en sus composiciones y que ha colaborado entre otras en la banda sonora de la popular serie “Breaking Bad”. Sin contar con el apoyo de discográficas, ella misma produce sus discos y los saca a la venta a través de iTunes, Spotify o Bandcamp.

Hace unos meses Zoe decidió compatir con la comunidad la hoja de cálculo en la que computa sus ingresos por la venta de sus canciones según los diferentes canales de venta: itunes, amazon, bandcamp y spotify entre otros, con algunos interesantes comentarios.

Un contenido de muchísimo valor para todo aquel que le interese el negocio de la música. Los principales titulares serían, en mi opinión:

1- Entre octubre de 2011 y marzo de 2012 Zoe ganó a través de la venta online de su música 82.651 dólares

2- iTunes es el canal más importante, supone más del 50% de sus ingresos, seguido de Bandcamp.

3- Spotify: pese a tener más de 70.000 reproducciónes de sus canciones en Spotify, apenas le ha traído unos 300 dólares en ingresos. Eso equivale a 0,0041 dólares por reproducción. Una cifra bajísima que reabre el debate sobre si Spotify es “justo” con los artistas. Al respecto Zoe escribe: “Creo que Spotify es genial como plataforma de escucha. En mi opinión los artistas deberían verlo como una herramienta para darse a conocer más que como una fuente de ingresos”.

4- Cree que su situación financiera sería aun peor si trabajase con una discográfica. Su estilo de música nunca será mainstream y no cree que el porcentaje que se llevaría esta casa de discos compensaría el incremento de ventas que le podría suponer.

5- No cree que el p2p sea una amenaza para los músicos. Si alguien escucha sus canciones mediante descargas “piratas” y le gusta, cree que de alguna manera le apoyará en un futuro.

Os invito encarecidamente a revisar el documento y sacar vuestras propias conclusiones, así como a leer esta entrevista donde habla más en profundidad de estos datos. Ojala algún artista español compartiese unos datos similares que nos ayudasen a entender mejor el sector y los cambios que se están produciendo.

Foto: Lane Hartwell.

Gráfico: cortesía de “the Atlantic