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Claves de la economía colaborativa: API

(artículo publicado originalmente en Actibva)

En 2004 no existía Facebook. Hoy lo usan casi 600 millones de usuarios en todo el mundo. No lo fundó un conocido inversor u hombre de negocios, sino un estudiante universitario en la soledad de su cuarto.  Algo parecido sucedió con Google, Apple, eBay , Amazon, Tuenti  o Twitter, empresas que en su creación, crecimiento, financiación y estrategia empresarial han dejado caducos la inmensa mayoría de libros y manuales sobre empresa y los temarios de cualquier MBA.

Como bien ha resaltado Peter Drucker a lo largo de su obra, el manager actual sigue utilizando conceptos y metodología propias de la revolución industrial y por ello la empresa “tradicional” (si por tradicional entendemos aquella que tuvo éxito en el siglo XX) permanece ajena a este fenómeno.

Si este tipo de empresas gestaron su éxito creando un entorno cerrado donde desarrollaban productos y servicios más competitivos que el resto, la nueva empresa triunfa porque es completamente abierta, permitiendo la colaboración de usuarios, clientes e incluso competidores en (casi) todos los eslabones de su cadena de valor.

Microsoft, la última de las grandes empresas “convencionales” desalentaba a sus usuarios a hacer modificaciones en su software en términos casi insultantes.  Sus grandes competidores han sido paradojicamente, grupos de usuarios organizados que de manera “desinteresada” han creado productos como Linux , PHP o Apache.

La clave de la “economía colaborativa” está en crear modos sencillos para que gente de fuera de la empresa cree valor para nuestros productos.

Y una de ellas es la “API”. Desde un punto de vista “no técnico”, un API es una puerta abierta al código de nuestros productos para que facilmente se pueda modificar o mejorar. Todo lo opuesto al concepto convencional de “espionaje industrial” o “información confidencial”.

Probablemente la mejor fuente de información hoy en día sobre API´s sea el blog Programmable Web, del que hemos extraído esta presentación, en el que se da respuesta a muchas de las cuestiones al respecto:

-¿Cuántas APIs hay hoy en día?: Cerca de 2400 (con un crecimiento del 100% en 2010)

-¿Qué tipo de empresas han desarrollado APIs?: Las más exitosas del mercado. eBay fue pionera en el año 2000, y desde entonces se han unido nombres con Amazon, Google, Etsy, Skype, Flickr, Twitter, Bing, Tesco, SalesForce, Foursquare…

-¿Cuales son las ventajas para una empresa de tener un API?: Según John Musser, el autor de la presentación, son las siguientes:

  • Hacer dinero (el 60% de los listados de eBay vienen a través de APIs)
  • Ahorrar dinero (SmugMug ahorra más de 500.000 dólares anuales usando Amazon S3 storage)
  • Construir marca (Google maps crece un 300% anual frente al 20% de mapquest)
  • Moverse a la “nube” (el 50% de todas las transacciones de Salesforce es a través de su API)
  • Ir a cualquier parte: Netflix está ahora disponible para más de 200 dispositivos.

Desde el punto de vista de una empresa, parece evidente las ventajas de disponer de una API. Pero, ¿cuál es la motivación de quienes desde fuera de la empresa colaboran en su éxito?. En muchos casos, son motivaciones económicas (como las del que desarrolla una nueva app para el iPad y cobra por cada descarga).  Sin embargo, hay otro tipo de razones: ¿Porqué miles de voluntarios han traducido de manera desinteresada los sitios de Facebook o Twitter, empresas que ganan miles de millones de dólares al año?. ¿Porqué dejamos críticas en Amazon que sirven para que la empresa tenga un ratio mayor de conversión?. ¿Porqué un programador dedica su tiempo libre a mejorar algún aspecto de Apache en vez de monetizar ese tiempo trabajando para una empresa?.

Aparentemente, la teoría económica clásica no tiene respuesta a estos interrogantes… pero, como veremos en sucesivos artículos, el sentimiento de “pertenencia a la comunidad” explica mucho mejor estos comportamientos.

Museo de Brooklyn: perfecta combinación de arte y web 2.0

El mundo del arte , y en particular el de los museos, es uno de los que a priori tiene menos que ganar con la eclosión de las comunidades virtuales y la web 2.0 . El prestigio del museo se encuentra en las obras que atesora y en algunos casos (léase Guggenheim), por el edificio que las alberga.

Sin embargo, hay algunos y destacados ejemplos de instituciones culturales que están sabiendo aprovechar el potencial de las tecnologías sociales para difundir y dar a conocer sus obras.

Entre los casos más interesantes se encuentra del del Museo de Brooklyn, uno de los más antiguos de Estados Unidos , y bastante ecléctico en las colecciones que alberga: desde obras maestras del antiguo egipto a interesantes obras de arte contemporáneo. (Desde Rodin a Edward Hopper pasando por una amplia colección de arte islámico)

Ya desde la propia home del museo, advertimos el relevante papel que esta institución da a la colaboración de sus usuarios y visitantes: por un lado, la casi totalidad de su colección (más de 10.000 piezas) es completamente accesible online. Pero lejos de permitirnos solo admirarlas, tenemos la posibilidad de incluir nuestras impresiones y comentarios en la ficha, tagearla (para hacer más fácil la búsqueda a otros usuarios), e incluso marcarla como favorita.

Gracias a esta función, el paseo por la colección se convierte, de una simple experiencia contemplativa, a una experiencia participativa en la que podemos dejarnos acosnejar por otros usuarios a la hora de encontrar sus obras favoritas, o proponer nuestro propio itineriario.

Y desde luego, ahí no queda la cosa. El museo tiene su propia cuenta en Twitter en la que comenta sus nuevas exposiciones, da “cobijo” en su web a todos los bloggers que deciden compartir sus impresiones sobre el museo, así como un grupo de Flickr en el que cualquier fotógrafo puede subir sus instantáneas del museo y de las obras que alberga.

Tiene  así mismo su propio perfil en Facebook, YouTube, MySpace o Yelp… . Pero como elemento más diferencial de todos, es el hecho de que han creado su propia API abierta, de tal manera que cualquier desarrollador puede utilizar la información y fotos de su colección para desarrollar sus propias aplicaciones, cosa que ya han hecho algunos desarrolladores.

A raiz de ello, recientemente se ha desarrollado la primera aplicación del museo de Brooklyn para iPhone.

Un sobresaliente para los responsables del museo por haber dado este paso, y al social strategist del mismo por hacer las cosas de una manera tan acertada. Esperemos que “cree escuela” entre los museos Españoles